Principio

El tejido intergeneracional en la construcción de la memoria

Autores/as

Carlos Antonio Sánchez

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Resumen

La noche del 18 de septiembre de 2025 llegó un correo electrónico a mi bandeja firmado por Eugenia Allier y Soledad Lastra, investigadoras del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con la convocatoria de las Primeras Jornadas Latinoamericanas de Historia del Tiempo Presente. La lanzamos a nuestras audiencias del Instituto; había mucho trabajo detrás, quizá años, también incertidumbre y emoción. ¿Cómo se desenvolvería? El tiempo mostró que sería un ejercicio único en su tipo; tan solo unos días después llegaron más de cien propuestas de varios países.

La mañana del 28 de abril de 2026, un grupo de investigadoras frente a una audiencia internacional inauguró las doce mesas de diálogo que se llevaron a cabo los siguientes tres días en el auditorio Pablo González Casanova del IIS-UNAM. En el encuentro se desarrollaron conversaciones académicas sobre la investigación documental; la producción de contenidos periodísticos; las militancias y autoritarismos; territorio, medio ambiente y luchas sociales; feminismos y disidencias; juventudes y estudiantes; memoria e historiografía, y muchos debates más.

En el encuentro, inaugurado por Marcela Amaro Rosales, directora del IIS-UNAM, Eugenia Allier, Soledad Lastra y María Angélica Tamayo, se presentaron más de medio centenar de ponencias. Durante aquellos 28, 29 y 30 de abril, en el Instituto se vivía un inusual dinamismo, múltiples personas cruzaron nuestro vestíbulo y la zona de auditorios; había cambios de mesas, grupos de personas dialogando, algunas presenciales, otras en línea; era imposible seguirle el paso a todas las conversaciones, aún así se logró el objetivo: conjuntar decenas de investigadores y estudiantes para dialogar sobre el tiempo presente.

El tiempo presente

Algunos días después del gran movimiento que generaron las jornadas, busqué a Eugenia Allier para preguntarle ¿Qué es el tiempo presente? “Las historiadoras e historiadores trabajamos con el tiempo y por eso es tan importante definirlo en este contexto”, me argumentó, pero nos comió, justo, el tiempo mismo, y Eugenia y yo decidimos seguir la conversación por teléfono.

Durante la llamada, me explicó la forma en que podemos definir el tiempo en el estudio de la historia; para entenderlo, hay que partir de cómo un acontecimiento es atravesado por varias generaciones que lo rodean: “está la generación en formación, de los 0 a los 30 años aproximadamente; luego la generación dominante, de los 30 a los 60; y finalmente la generación transmisora, a partir de los 60 años”, me explicó la investigadora.

Además, me contó que un claro ejemplo que puede estudiarse bajo esta lógica teórica es el año de 1968 en México, un momento que durante muchos años Eugenia ha estudiado a profundidad. No hace mucho publicó una obra en dos tomos titulados 1968: la historia abierta. Volumen I: de la rebelión a la insurrección, y 1968: la historia abierta. Volumen II: una revuelta global en una era de ruptura, junto con Ilán Semo y Matari Pierre Manigat.

Esta área de estudio se basa en gran medida en la memoria colectiva viva, la contemporaneidad entre el historiador y el objeto de estudio, y un enfoque multidisciplinario que aborda con frecuencia las demandas sociales de los problemas actuales: “Nosotros historizamos, vemos similitudes y diferencias a través del tiempo”, explicó Eugenia. En las jornadas noté que eso se reflejó constantemente; los temas tratados no eran solo de la violencia que ha caracterizado la historia en Latinoamérica, también se discutieron las transformaciones temporales de muchos otros fenómenos, incluso el medio ambiente.

Para Eugenia Allier, esta ruta no es nueva, la ha estudiado hace años, en 2021, junto a César Iván Vilchis Ortega y Laura Andrea Ferro Higuera, publicaron un artículo titulado “La Historia del Tiempo Presente en México: desafíos y construcción de un campo”, donde describen el surgimiento y la consolidación de la Historia del Tiempo Presente como una subdisciplina histórica en México, y, además, como explican en su texto “es una forma de acercamiento histórico a realidades humanas de las cuales aún vive al menos una de las tres generaciones que conocieron de manera directa los hechos (de algún acontecimiento)”.

Este trabajo de Allier, Vilchis y Ferro propone una manera de hacer historia a partir de seis rasgos distintivos: primero, su objeto central es el estudio del presente; segundo, el presente está determinado por la existencia de testigos y actores como testimonios; tercero, la coetaneidad entre la experiencia vivida por el historiador y el acontecimiento, así como su vínculo con las generaciones que experimentaron un momento histórico; en cuarto lugar, la multidisciplina; en quinto lugar, las demandas sociales por historizar el presente; y, por último, las tensiones y complicidades entre historiadores y testigos, “y eso no ocurre con otros tipos de historia, y es bueno, porque amplía el campo de visión de la temporalidad y de las sociedades humanas”, me argumentó Eugenia Allier.

Las jornadas

Algunos días después, me encontré con Soledad Lastra en el jardín del IIS-UNAM; además de ser coorganizadora de las jornadas, trabajó con Eugenia Allier y otros integrantes en la Comisión para el Acceso a la Verdad, el Esclarecimiento Histórico y el Impulso a la Justicia de las Violaciones Graves a los Derechos Humanos, por lo que ya hay un largo camino recorrido en estos estudios.

Me acerqué a Soledad para conocer cómo lograron juntar a tantas personas y experiencias de investigación en un solo evento; ella me explicó que recibieron más de cien propuestas, seleccionaron ochenta y cinco y organizaron más de cincuenta ponencias. “La idea era que los participantes pudieran presentar sus ponencias, que contaran con comentarios de los investigadores del Instituto, pero también de otros investigadores mexicanos”.

Soledad me comentó que analizaron las cien propuestas que llegaron para observar que estuvieran atravesadas por la perspectiva del tiempo presente, por ejemplo, que contuvieran la temporalidad que permite entender la trayectoria de un fenómeno desde su origen hasta nuestros tiempos: “la temporalidad es importante, porque es lo que te permite ver las continuidades de un proceso, pero también sus transformaciones, porque si no, el presente no se puede explicar en sí mismo, esa es la idea”, me detalló la investigadora.

Durante las Primeras Jornadas Latinoamericanas de Historia del Tiempo Presente, el debate académico se caracterizó por una profunda diversidad temática que interpeló las problemáticas más urgentes de la región, que transitaron desde el análisis de las militancias políticas, los autoritarismos y las experiencias de exilio durante la Guerra Fría, hasta la defensa contemporánea del territorio y del medio ambiente frente a lógicas de despojo. Asimismo, el encuentro visibilizó el papel fundamental de los feminismos en las luchas sociales, el impacto histórico de los movimientos estudiantiles y las tensiones por los sitios de la memoria.

La relevancia fundamental de este abanico temático radicó no solo en su capacidad de documentar las violencias de Estado y la movilización social en América Latina, sino en su apertura hacia nuevas metodologías narrativas, como el cine documental y la virtualidad, que demostró que el pasado reciente es un campo de disputa vivo e indispensable para comprender y comunicar nuestro presente.

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