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Cómo se establecen las fronteras

Autores/as

Carlos Martínez Assad

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Resumen

Secuelas de la Primera Guerra Mundial

Si bien la Gran Guerra terminó dibujando un mapa diferente en Europa y Medio Oriente, cambió los campos existentes en el plano mundial al establecer categóricamente lo que a partir de entonces se expresaría como dos bloques: Oriente y Occidente. Al finalizar la Gran Guerra, el Tratado de Versalles, firmado por las potencias el 28 de junio de 1919, permitió el cese de las hostilidades y rediseñar el Mashrek y el Magreb; es decir, por donde sale (el Oriente de Asia) y se pone (norte de África) el sol.

Desde un año antes, en 1916, las negociaciones conducidas por sir Mark Sykes por los ingleses y de Georges Picot de parte de los franceses, concedían a los rusos las provincias de Erzurum, Trabzon, Van y Bitlis y las regiones de Much y Siirt hasta el valle del Tigris. A los franceses, el litoral y el resto de Siria que incluía Monte Líbano y el norte de Iraq. A los británicos, los puertos de Haifa, Acre, toda la Mesopotamia meridional desde Bagdad hasta el golfo Pérsico, una vasta región desde Palestina hasta Irán. Las negociaciones comenzaron cuando estaba lejos el fin de la guerra, por ello cuando terminó no todos los arreglos se respetaron.

A los italianos les prometieron parte de Anatolia occidental con Esmirna, Konya, Atalya y Mesi, cuando los aliados repartían promesas. Los árabes confiaron en que obtendrían su independencia bajo la tutela europea, los judíos tendrían “un hogar nacional” en Palestina por medio del Tratado de Balfour del 2 de noviembre de 1917, a los griegos la creación de una Gran Grecia con Tracia y las provincias de Asia Menor. Palestina era ya un territorio que atraía fuertes contingentes de inmigrantes judíos tanto de Europa central como la del Este debido al incremento del antisemitismo, que incluía los violentos pogroms rusos. Lo que influía en el movimiento sionista que se desarrollaba con la figura de Teodoro Herzel y, por razones históricas y religiosas, contemplaba el establecimiento de un hogar judío como refugio de los perseguidos.

Al mismo tiempo, el dominio inglés sobre Egipto –cuya independencia fue proclamada el 18 de noviembre- provocó inquietud entre los otomanos. Djemal Pacha fue nombrado gobernador de Siria al comienzo de la guerra por el Sultán, con plenos poderes sembró el terror por todo el territorio entre cristianos, judíos y musulmanes, y organizó un cuerpo expedicionario con el fin de expulsar a los británicos del territorio egipcio. Su ofensiva empezó en enero de 1915, cuando con cerca de 80 mil hombres atravesaron el desierto de Siria y alcanzaron victoriosos el canal de Suez, pero tuvieron que desandar el camino porque no lograron detener la insurrección árabe con la que no contaban los turcos, inclinada al lado de los ingleses. Se hizo legendaria la participación del teniente T. E. Lawrence, a quien llamaron “de Arabia”, aunque simpatizante de la causa árabe, su intervención terminó favoreciendo a los británicos.

Casi al mismo tiempo se iniciaba la persecución contra los armenios, quienes habían logrado su supervivencia en el Imperio otomano, hasta que una fuerte propaganda los estigmatizó y fueron obligados a desplazarse en más de un millón de personas, causando tantas muertes que se acuñó el concepto de holocausto para designar lo que había ocurrido. De forma semejante a los griegos, quienes llegaron a enfrentar igualmente un fuerte rechazo de los turcos, hasta alcanzar su situación límite con el incendio de Ermirna en septiembre de 1922, en el que también murieron judíos que la habitaban.

Los árabes constituían un abigarrado conjunto de tribus hablantes de una lengua con más diferencias de las que podrían pensarse. Su territorio iba desde Alexandreta en el mar Mediterráneo hasta el río Tigris en Mesopotamia, continuaba por el golfo Pérsico hasta Mascate y Omán, pasando por el mar Rojo hasta Suez. Por eso su liderazgo fue tan disputado hasta que se impuso la dinastía de Feisal con un poder restringido por los británicos. Después del colapso del Imperio otomano, el 30 de octubre de 1918, en su Programa para la paz en el mundo, el presidente Woodrow Wilson declaró el derecho de las minorías no turcas a su desarrollo autónomo.

En los Tratados de Sèvres, firmados por los aliados y el gobierno turco el 10 de agosto de 1920, se recompusieron los tratados anteriores, y se especificó que los kurdos alcanzarían su “autonomía local”. La situación cambió con Mustafá Kemal que impuso diferentes términos en el Tratado de Lausana, en 1923. Entonces el gobierno británico separó el Balayato kurdo de Mosul de Turquía para ubicarlo en Irak con el fin de controlar los campos de petróleo. Cuando las fronteras entre Turquía y Siria se establecieron, tres áreas de asentamientos kurdos fueron integradas a Siria bajo el Mandato francés. Así quedó dividido por completo el pueblo kurdo.

En 1924, Turquía, constituida como nación, prohibió la enseñanza del kurdo en las escuelas. Asimismo, sorprendió su programa educativo al sustituir la grafía árabe del turco por la latina. Las insurrecciones kurdas de 1925, 1930 y 1935, privaron a los kurdos de sus derechos y les impusieron la eufemística referencia de “turcos montañeses”. Muchos miles de kurdos fueron deportados a la Anatolia Central y Oriental.

La contínua conformación del Medio Oriente

Fueron definiéndose las fronteras de los Estado nación que se conformaron en el que fuera el inmenso territorio del Imperio Otomano, hasta llegar a los que conocemos en la actualidad, aunque el lapso fue extenso y arduo en muchos casos. Por ejemplo en 1920 se creó lo que se designó como el Gran Líbano y la Gran Siria, incluyendo en sus respectivos territorios pueblos de diferentes procedencias étnicas, con religiones distintas y diversos valores. Vivieron bajo un Protectarado francés que se mantuvo hasta 1943, cuando alcanzaron su independencia. La extensa Palestina y otros territorios de naciones árabes cayeron bajo el resguardo de la Gran Bretaña.

La lucha emprendida por los judíos ya avecindados tenía como objetivo alcanzar la promesa del hogar prometido por Balfour, sus diferencias con los británicos les llevaron a fuertes enfrentamientos desde 1947 hasta alcanzar en 1948 la proclamación del Estado de Israel, como fue proclamado por la Organización de las Naciones Unidas, creada apenas el 24 de octubre de 1945, que entonces apenas sumó 51 Estados fundadores.

La estrategia en Siria y la ocupación en el Líbano

Pero el sueño del Gran Israel no paró entonces. La guerra de seis días en 1967, en la que se enfrentaron su ejército con los de Egipto y Siria principalmente, aunque apoyados por otros árabes, permitieron a los israelíes posesionarse de Gaza y Cisjordania, reduciendo drásticamente el territorio de Palestina. También lograron posesionarse de un trecho importante de Siria, el de las Alturas del Golán. Con la caída del régimen de Bashar Al Assad a finales del 2024, Israel aprovechó para ocupar la zona drusa en Siria, ambicionada durante años.

Esto significaría la unificación de una región de mayoría drusa que Israel dividió durante la guerra de 1967 cuando se apropió de los Altos del Golán, una franja de territorio que según el derecho internacional sigue perteneciendo a Siria.

Para poner la guinda al pastel, el gobierno de Netanyahu se ha negado a abandonar el sur del Líbano, argumentando que Hezbolá sigue siendo una amenaza. Con ello se asegura la franja de tierra que llega hasta el río Litani.

Con lo tomado al Líbano y a Siria, Israel estaría ampliando su territorio en casi 60 mil hectáreas, que comprenden una de las zonas más fértiles y ricas en agua de la región, que va desde las planicies del sur de Siria hasta las granjas de Shebaa.

Para lograr este sueño apoteósico, Netanyahu y la derecha sionista deberán asesinar a miles de personas, deportar a millones más e intentar acabar con la resistencia palestina. El proceso ha comenzado con la reanudación de los bombardeos sobre Gaza, que en un solo día dejaron 700 personas asesinadas, entre ellas un gran número de niños y bebés (The Washington Post, 19/03/2025). Además, el ministro de Guerra Katz anunció que “Mientras Hamás continúe con su negativa, perderá cada vez más territorio que pasará a manos de Israel” (EFE, 21/03/2025). A esto se sumó el anuncio de que demolerá cientos de viviendas en Cisjordania y la oficialización de 13 asentamientos ilegales en la zona.

Así, en pleno siglo XXI se amplía el territorio de un país, mientras el de los vecinos disminuye, violando las leyes internacionales vigentes sin que halla la posibilidad de acción de los organismos existentes para regular esas acciones e impedir que impere la decisión de los más fuertes, reforzados por el uso de las armas.

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